La Navidad

No es de extrañar que esta época de Navidad alborote nuestras emociones. Es natural, pues pone a prueba los vínculos familiares, nuestra parte afectiva más tierna y vulnerable. ¿Cómo hacer entonces para pasar las Fiestas con alegría? Sobre todo cuando, por mucho que pongas de tu parte para que haya un ambiente afables, a veces basta con que uno solo de los presentes los encuentros de familia, de amigos y de empresa esté de mal humor, para que se monte parda. Aunque es cierto que cualquier relación depende de dos o más personas y por tanto es incontrolable, aquí van unas sugerencias para poder gestionar la intensidad emocional y disfrutar de un ambiente navideño cercano.

Para empezar, dado que la Navidad va de relaciones cercanas, párate a sentir el cariño que les tienes a tus seres queridos y el que ellos te tienen a ti. Muchas personas se sienten solas en esta época porque piensan que su cariño no es correspondido. Suele ser el caso cuando hay un enfado o una frustración de por medio, que interfiere con el afecto. Otras veces lo que sucede es que la persona no es correspondido de la forma que espera, por lo que no percibe el cariño del otro tal y como éste lo está expresando. Deja a un lado expectativas y viejos asuntos pendientes. ¡Valora la intención del otro más allá de las formas en que te transmite su cariño! Durante estas Fiestas, busca otra manera de relacionarte, más sana y amorosa, y sobre todo centrándote en lo que está pasando en ese momento. Acepta que el otro tiene otras prioridades, u otras formas de hacer las cosas, tan válidas para él o ella como las tuyas lo son para ti. En cuanto que cesa la discusión sobre qué forma es mejor o peor y pasáis a hablar de cómo cada uno se siente con la manera de hacer del otro y cómo apoyaros mutuamente para evitarlo, suele disiparse el conflicto.

Con este cambio de actitud las cosas suelen empezar a suceder de forma más fluida y el día a día se llena de pequeños detalles que lo embellecen y aportan armonía. Acostúmbrate a sonreír, incluso cuando te cueste. Al principio fíngelo, si fuera necesario, sin esperar nada a cambio. Hazlo por ti, porque así te sientes bien contigo mism@, ya que la alegría te conecta con esa parte ecuánime que todos guardamos dentro, algunos más escondida que otros. Cuando te cueste sonreír, intenta comprender qué es lo que te está molestando? Es algo de ahora, o es algo que arrastras de antes? Si es de antes, regresa tu atención al presente y suéltalo. Si es de ahora, pregúntate qué puedes decir o hacer tú para cambiarlo? Se creativ@, explora nuevas formas de expresarte, relacionarte e interpretar las cosas, con las que te sientas más viva y más a gusto. Sea cual sea la situación, cada persona tenemos la elección de decidir cómo nos va a afectar emocionalmente. Siempre tienes la elección de decidir hasta que grado te dejas arrastrar por emociones y pensamientos perturbadores, o ampliar tu campo de visión y tomar la distancia adecuada para poder decidir de forma racional en lugar de visceral. Desde una perspectiva más amplia te das cuenta de diversos factores y de opciones alternativas. Implica soltar el control en cuanto a lo que habías planificado y confiar, es decir permitir que las cosas que no te atañen personalmente se desarrollen a su manera, seguramente diferente de la que tu habías previsto. Si te resulta frustrante, es que no has soltado del todo el control, que sigues aferrándote a tu propia forma de ver las cosas.

Pienso que éste es el mensaje profundo de la Navidad, nos recuerda lo importante que es confiar en ese algo más allá de nuestro control, en eso que mantiene a los planetas orbitando ordenadamente en el universo y que rige las fuerzas de la naturaleza, para que después de cada anochecer vuelva a haber un amanecer. Esta Navidad te propongo que aproveches esos momentos en que se te disparan las emociones para encontrar nuevos patrones de conducta, llevando tu atención a aquellos elementos que te conectan con tu luz y te permitan calmarte. ¡Confía y llena así tu Navidad de magia! Basta con que te hagas consciente del verdadero valor que tienen para ti las personas que forman parte de tu vida. Siente esa profunda emoción. Hazla tu prioridad. Sea cual sea su forma de hacer las cosas, cuidando el vínculo, estás creando una Navidad en sintonía y armonía par ti y para aquellos que te aprecian.

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